La dureza de ver tu cuerpo después del parto.

Yo también soy mama. Y mi historia quizá te parezca difícil, pero quiero contártela,
porque esto también forma parte de mi maternidad y del recuerdo que tengo de mi
embarazo. Allá voy.
Mi nombre es Steffy Rosero (@steffyroser0 en Instagram), tengo 26 años y fui mamá en
enero de 2020 de una niña sana y preciosa, Mía.
Mi cuerpo ha cambiado muchísimo después de mi embarazo, pero esto va mucho más
allá de un cambio físico. Os cuento. Apenas estaba embarazada de 7 semanas cuando
tuve un gravísimo accidente en nuestras idílicas vacaciones en Bali, en el que casi
perdemos la vida, pero por suerte todo se quedó en un destrozo brutal en mi pierna
derecha. Cicatrices, cicatrices y más cicatrices… quedé marcada de por vida, y tuve que
hacer muchísima rehabilitación para poder recuperar mi movilidad.
Por culpa de una mala alimentación, una falta de motivación, un proceso de depresión
y la nula movilidad que tenía, fui cogiendo peso, kilos y kilos que cada vez hacían más
difícil mi posterior recuperación. Acabé mi embarazo con la báscula sobrepasando los
80 kg, peso impensable para mi que apenas llego al metro sesenta. Y vino el parto, no
iba a ser fácil, siguiendo la tónica de mi complejo embarazo. Preeclampsia y cesárea. Y
ahí vino una hostia de realidad, tener a tu bebé en brazos, esa bebé que casi muere en
tantas ocasiones, a la que tenía que proteger a toda costa y ese llanto incansable, no
hablo del de Mía (apenas lloraba), hablo del mío, no podía parar de llorar, por todo y
por nada… pero mirarme al espejo me hacía sentir increíblemente mal. No era yo. Ese
cuerpo no me pertenecía.
Cuando por fin me dieron vía libre para hacer deporte y estaba recuperada de mi
cesárea, empecé la dieta y me apunté al gimnasio. 4 días después vino el tan sonado
estado de alarma y confinamiento… mi gozo en un pozo. La ansiedad, el encierro y las
condiciones personales que me tocó vivir en plena pandemia provocaron que cogiera
más peso todavía.
En septiembre, cuando todo parecía mejorar un poco, me miré al espejo y dije basta.
Empezó mi cambio físico. En cuestión de 4 meses perdí muchísimo peso y me quedé en
mi peso ideal, incluso por debajo del peso que tenía antes de quedarme embarazada,
pero hay algo que ni la dieta ni el ejercicio lo solucionan: LA PIEL. Bendita piel… Se me
quedó el abdomen flácido, colgando, y con un aspecto que me hacía sentir cierto
complejo y decidí recurrir a la cirugía plástica.
Mucha gente no estará de acuerdo con la cirugía plástica, pero a mi me ha ayudado a
volver a sentirme yo, a potenciar esas cosas bonitas que ya tenía mi cuerpo, a mejorar,
a aumentar mi seguridad y mi amor propio, y eso no está pagado. El pasado 18 de febrero

de 2021 me sometí a una lipo vaser + abdominoplastia y una
corrección de las cicatrices de la pierna, esas que me dejó mi accidente en Bali.
Mientras escribo estas líneas aún estoy con faja, almohadillas en el abdomen y la
espalda y realizándome masajes drenantes. Es una cirugía dura y un postoperatorio
intenso y doloroso (aunque en mi caso solo he tenido una semana mala), pero… ¿Qué
queréis que os diga? En mi caso, merece la pena.
Desde aquí quiero lanzar un mensaje de comprensión y empatía. Los cambios que
sufren nuestro cuerpo tras el embarazo son duros. Unas los notaremos más, otras
menos. Y creo que no debemos obsesionarnos ni odiarnos por no tener ese cuerpo que
teníamos antes. Hemos sido madres, hemos dado vida, la vida del ser más importante
de nuestra existencia. Eso merece la pena sea cuál sea la consecuencia. Volvería a tener
100 estrías, flacidez, 10 kilos de más, con tal de ver nacer a mi hija sana.
Pero no va de eso. Va de cómo nos sentimos después. Debemos amarnos en cada fase
de nuestro cuerpo. Yo me he amado en cada una, aunque en momentos puntuales
sintiera angustia por verme tan diferente. Por eso, desde el amor que me tengo, decidí
perder ese peso que me sobraba y mejorar mi cuerpo. Es maravilloso quererse y
aceptarse con un nuevo cuerpo. Es maravilloso esforzarse por conseguir el cuerpo que
deseas. Es maravilloso no hacer nada y tener otras prioridades. Es maravilloso todo lo
que tú decidas hacer por ti y por tu cuerpo, sea cuál sea tu decisión.
Mi decisión fue operarme y mejorar mi físico, la tuya puede ser otra totalmente distinta,
pero nunca dejes que nadie juzgue esas decisiones, porque son tuyas.
Ni tu familia, ni tu pareja, ni tus amistades, ni por supuesto un desconocido. Decidas lo
que decidas estará bien. Adelante mami, tú puedes con todo.

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